FAST FASHION: CONTAMINACIÓN AMBIENTAL
- relacionesinternac50
- 8 nov 2023
- 4 Min. de lectura
Redacto por: María Martínez Fernande, Laura Soriano y Stefanny Nagely Melo Camacho
El concepto de “fast fashion” o moda rápida, es un término utilizado por cadenas de moda
en la cual, se refiere a un fenómeno de producción y consumo masivo que se incrementa a
la misma velocidad a la que van cambiando las tendencias, y en efecto, contribuye a poner
en el mercado millones de prendas y fomentar en los consumidores una sustitución
acelerada de su inventario personal.
El periodo de vida que tienen cada una de las prendas fabricadas es realmente corto.
Según un estudio realizado por American Apparel y Footwear Associations en Estados
Unidos un consumidor promedio adquiere aproximadamente 8 pares de zapatos, y 68
prendas de ropa cada año, dando a cada una un tiempo de vida máximo de tres meses. Los
estadounidenses tiran una media de 30 kilos de ropa al año, y no se refiere a la donaciones
a la beneficencia, sino más bien de ropa que va directamente al vertedero.
En este modelo de consumir la moda, un casi “usar y tirar o almacenar”, se adquiere ropa
que imita las tendencias actuales, pero a bajo coste, y en consecuencia, las marcas que
ofrecen este tipo de artículos no solo cambian sus productos con frecuencia, sino que
además para maximizar sus beneficios llevan a cabo una política de deslocalización
fabricandolos en países de desarrollo, pagando a los trabajadores salarios muy bajos e
incluso sacrificando las condiciones de seguridad en las que realizan sus actividades.

Por otro lado, es evidente que este fenómeno “fast fashion” supone un gran impacto
ambiental negativo, ya que muchas de las consecuencias nocivas se centra en su impacto
en el planeta:
- Genera una enorme huella de carbono: la producción de ropa representa el 10% de
las emisiones de CO2 a nivel global, el equivalente a lo que libera la Unión Europea
por sí sola.
- Explotación de los recursos: la contaminación que genera la producción de ropa
alcanza también a la tierra y el agua, ya que la industria de la moda requiere más de
recursos naturales para la producción de materias primas, como el algodón, la lana o
piel. Además, se considera que esta industria es el segundo consumidor más grande
del suministro de agua del mundo.
- Contaminación de los recursos hídricos: lavar la ropa libera 500,000 toneladas de
microfibras al océano cada año, el equivalente a 50 mil millones de botellas de
plástico.
- Genera una gran cantidad de desechos: El equivalente a un camión de basura lleno
de ropa se quema o se tira en un vertedero cada segundo.
La Organización Internacional del Trabajo proporciona datos escalofriantes acerca de las
cifras de trabajo infantil que se dan en el mundo actual: alrededor 170 millones de niños y
niñas son víctimas de trabajo infantil, muchos de ellos se dedican a la industria textil. Se
estima que 24,9 millones de personas están sometidas a trabajos forzados en condiciones
sanitarias extremadamente precarias.

Este sector, el cual mueve 3.000 millones de dólares anualmente, es famoso por las
condiciones esclavizantes a las que someten a sus trabajadores en terceros países. Las
empresas utilizan la llamada deslocalización, que consiste en trasladar los centros de
trabajo a países en vías de desarrollo donde la mano de obra es muchísimo más barata.
Los principales países donde se establecen estás fábricas son: China, India y Bangladesh.
Además, muchas empresas aprovechan que estos países no cuentan con sindicatos ni
leyes que defiendan los intereses laborales o económicos de los trabajadores. Por ello, a
menudo se dan situaciones laborales prácticamente esclavizantes donde los trabajadores
llegan a realizar turnos de hasta dieciséis horas con apenas descansos. Además, las horas
extraordinarias no remuneradas son una constante en estas fábricas, al igual que en
muchas ocasiones tampoco se les provee de periodos vacacionales a los trabajadores.
La razón principal por la que las empresas eligen la deslocalización es (a parte de los
beneficios fiscales) porque las personas que viven en los países más desarrollados cada
vez buscan prendas de mayor calidad a un menor precio, por lo que el coste de producción
debe ser mucho más barato.
El sector textil recurre principalmente a China. Uno de los países de la Unión Europea que
más ropa comercializa y que han sido producidas en China es España.
A pesar de todas estas cifras sí que hay algunas marcas que están comprometidas con los
derechos de los trabajadores y que ponen su atención sobre los migrantes para respetar
sus derechos. Adidas, Lululemon y Gap son un ejemplo de ello.
Aunque el mayor ejemplo del desastre medioambiental y social que causa la fast fashion es
Shein, una empresa basada en China con precios increíblemente bajos , al igual que su
calidad y trato a los trabajadores.
Todos los días se añaden a la plataforma entre 700 y 2000 artículos nuevos, de cada uno se
hacen entre 50 a 100 piezas, si se venden rápido se empieza la producción en masa de los
productos seleccionados, lo que significa que en el menor de los casos se fabrican 35.000
piezas todos los días.
La rapidez con la que se adaptan a las microtendencias y su bajo precio hacen que Shein
sea una de las marcas de ropa más prósperas.

Pero el bajo precio viene con un alto coste. La ropa de baja calidad le cuesta lo mismo a
empresas que vendan una camiseta por 15€ que a otras que la vendan a 5€, pero la
diferencia del precio la está pagando alguien más, en este caso los trabajadores, que de
media en las fábricas chinas trabajan 75 horas semanales.
Les pagan por cantidad de producto, no por horas, por lo que se anima a trabajar largas
jornadas, sin cobrar extras, por supuesto.
Pero como Shein utiliza en su mayoría empresas subcontratadas para proporcionarle sus
productos, no tienen que tomar responsabilidad directa de las condiciones de trabajo de
estas fábricas.
Algo de lo que tampoco toman responsabilidad es de robar los diseños a pequeños
empresarios.
La marca tiene diseñadores por todo el mundo y no se molestan en verificar que los diseños
sean originales o que no sean ofensivos, llevando a que durante un tiempo Shein ofreciera
un collar con una esvástica.

Aunque parezca que no, el público general también es víctima del fast fashion, se nos
acostumbra a ropa de mala calidad que acabará en la basura a final de temporada,
promoviendo el consumismo e insensibilizándonos ante la realidad, producir ropa es caro,
pero debería tener una vida útil de varios años, amortiguando el coste.
Pero si un vestido cuesta lo mismo que cenar fuera de casa, ¿Por qué no comprar uno
todas las semanas?



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