TERCERA GUERRA CIVIL EN SUDÁN
- relacionesinternac50
- 21 nov 2023
- 4 Min. de lectura
Redactado por: Nuria Ros y Leyre Segarra.
Sudán, país cuya paz y estabilidad han estado históricamente opacadas por la paz, logró obtener su independencia en 1956, tras haber pertenecido a Reino Unido y Egipto. Este país ha convivido con dos largas guerras civiles, la primera de 1955 a 1972, sucedida años después por una segunda, de 1983 a 2005.
Además de estas, se ha visto afectado por varias dictaduras, como son las de Yaafar al-Numeiry y la de Omas Al-Bashir, a raíz de distintos golpes de Estado. Así, actualmente se encuentran en una tercera guerra civil, iniciada este mismo año.

Actual sociedad sudanesa el 1 de mayo de 2023, en pleno contexto de conflicto civil.
Si analizamos la cuestión sudanesa y todas las razones que le han llevado a una tercera guerra civil, debemos retroceder a su conformación como país que, como ya hemos nombrado antes, fué en 1956, lo que le hizo ser el país más extenso del continente africano.
Antes de ser una nación independiente, el territorio ya se encontraba en guerra (sería la Primera Guerra Siria), un conflicto entre Sudán del Norte, donde existía una mayoría musulmana, y Sudán del Sur, de mayoría cristiana en amnistía con otras etnias subsaharianas. Solamente esta primera guerra causó en 17 años medio millón de muertes.
Esta inestabilidad hizo posible el golpe de Estado por parte de Yaffar -al Numeiry, quien consiguió tomar el poder, llegando a ser el “primer gran dictador de Sudán”. Aunque su periodo en el gobierno tuvo en un principio una cierta estabilidad, la segunda guerra sudanesa acabó estallando en 1983. En este contexto, en 1989 Omar al-Bashir acabó arrebatando el poder del país. Este conflicto, en el que se enfrentaron fuerzas de la oposición y el reciente dictador, concluyó siendo peor que el primero, llegando en 22 años a alrededor de dos millones de muertes.
Además, bajo la dictadura de al-Bashir, que duró varias décadas, EE.UU llegó a incluir a Sudán en la lista de estados terroristas, al tener vínculos con Osama bin-Laden, lo que llevó al país a un aislamiento internacional.
Pero, la reputación de Al-Bashir mejoró a partir de 2005, al concluir el segundo conflicto más importante del país. Aún así, este breve periodo de cierta estabilidad y autonomía concluyó en 2011, con un referéndum que dió la independencia a
Sudán del Sur. Este suceso hizo que el país

redujera su territorio, perdiendo su mayor
reserva de hidrocarburos, y se sumergió en una
profunda crisis.
Más y más inestabilidad acabó con la caída de
al-Bashir, y se dió paso a un golpe de Estado,
tras el cuál se estableció un Gobierno de
transición, que duró aproximadamente dos
años conocidos como dos años de transición,
aunque no se vivió ningunas elecciones
democráticas y este periodo se vio cerrado
nuevamente por otro golpe de Estado a manos
de militares y paramilitares (como las Fuerzas
de Apoyo Rápido) en octubre de 2021.
Así, fué este suceso el que hizo que en el 15 de abril de 2023 se iniciase la tercera guerra civil sudanesa, al estallar combates y conflictos entre las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAS), llegando a combatir incluso en el palacio presidencial.
Ante dicho conflicto, las distintas potencias internacionales se han ido posicionando de distinta manera: Estados Unidos y sus aliados apoyan el levantamiento popular y esa transición iniciada en 2019, aunque acabaron suspendiendo el apoyo financiero. Rusia apostaba por el lado contrario, actuando incluso en Sudán desde 2017 a través del Grupo Wagner (grupo de mercenarios rusos). Esta última potencia buscaba construir nuevas bases navales en el Mar Rojo.
Además de estas, otros países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos tenían interés de que la región tuviese el poder islámico, para invertir en nuevos mercados en esta tierra (sector agrícola, construcción de puertos en el Mar Rojo, etc.). Por parte de Egipto, vecina del país en cuestión, tiene vínculos con Burhan y el ejército regular, e incluso intentó acordar negociaciones políticas a través de partidos dinásticos cercanos a Burhan y al-Bashir. Así, cada nación internacional intervenía en el conflicto dependiendo de los intereses que tuviesen bajo el territorio sudanés y sus amplios elementos fundamentales para distintos mercados.
Ante este reciente conflicto, se han barajado una amplia contemplación de distintos escenarios posibles: esta guerra puede desencadenar que el vencedor de este problema interno se convierta en el próximo dirigente del país, y que el perdedor tenga que enfrentarse a alguna pena (sea el exilio o incluso la pena de muerte); que se parta el territorio sudanés en dos administraciones diferentes y rivales, o que el conflicto se prolongue por un largo tiempo. Aunque es de lógica común que para poner fin a este se necesita una acción conjunta por parte de actores locales, nacionales e incluso internacionales, para que se abra paso a una negociación pacífica que ponga fin a la violencia, pues está guerra podría hacer un “efecto dominó” bajo otros conflictos de la zona del África Central y el Cuerno de África.
Así, concluímos esta cuestión sudanesa destacando los 528.000 civiles que tuvieron que exiliarse del país en busca de otra alternativa; las 200.000 personas refugiadas en el país vecino Egipto; y las 120.000 personas que desde el inicio de la guerra se suman al millón y medio de personas que yá escaparon con el conflicto de Darfur. Dejando un total de millón y medio de personas desplazadas, sin sumar todas las muertes que han ocasionado las anteriores guerras en este tan inestable país, según la propia Organización de Naciones Unidas (ONU).



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